dimarts, 29 de maig del 2012

Se ha derretido el hielo con el que, con tanto sigilo, te habías recubierto la personalidad a modo de férrea coraza incluso para ti mismo. Lo habías construido a base de minuciosa paciencia y detallismo de escultor de culto. Con una traza maquinal, no habías elidido ni la más mínima nimiedad durante el proceso. "Para protegerme del mundo, -pensaste- voy a sumergirme en un crudo invierno para sufrir menos y rebotar cualquier ataque de este inmundo campo de batallas llamado vida".
Así que, bregando contra tu natura, empuñaste el cincel y el martillo y extrajiste desde las profundidades abisales de la gelidez material con el que creías que podías moldear la mejor obra de tu vida. Y, en efecto, quizás así sea. Desde que luces dicha capa de escarcha, se han alzado multitud de miradas admiradas ante pieza tan excelsa. Muchas loanzas has oido y comentarios laudatorios que, en ocasiones, han provocado que no dudaras en aumentar el grosor del hielo hasta aparentarlo incorruptible.
Pero cometiste el mismo error que envuelve las mutaciones de la misteriosa sonrisa de la Mona Lisa, ésa misma que se deforma con el tiempo. Tú quizás erraste al elegir el material de la bella armadura hiemal. La física es caprichosa, como tus emociones, y ahora contemplas impotente como el hielo se va cristalizando y afinando en consistencia.Quizás el sencillo aleteo de un albatros, un hálito de tristeza emanada como una llamarada o las fauces de la soledad clavándose con saña sobre el invernal caparazón han hecho mella hasta derretirlo. Y, ahora, desprotegido como un niño perdido en el bosque, te preguntas qué has hecho mal. No sabes si la coraza era tan pesada que ya empezaba a asfixiarte o, por el contrario, si era más frágil que el destello del solsticio del diciembre. Y te replanteas si reconstruirla o crear una nueva con otros materiales. Puede que debas escarbar entre las emociones humanas para hallar sustancias diferentes al hielo con las que mostrarte al mundo.
Llorenç Garcia

dissabte, 14 d’abril del 2012

El piano verde (homenaje a Lorca)


En alguna caricia reposada
un ángel profanó el polvo trasnochado
sobre las teclas del piano verde
haciendo sonar una nota enmudecida
por un silencio ensordecedor.
El tono galopó como un eco en la noche
e hizo vibrar una estrella en el firmamento.
Una bruma condensada en el pasado
bosquejó la sonrisa emanada
de algún rincón de su infancia
en la Vega de Granada.
Todavía quedarán gitanos
que afilan la navaja con la luz de la Luna
y pierden más de un quejido
al albur del destino.
Aún subsistirán incomprendidos
que ahoguen en el arte
su llanto silenciado
y sublimen su tortura
en algún pedestal del Olimpo.
Siempre seremos una caricia,
un ángel, una noche,
un caballo, una Luna,
una bruma, una sonrisa,
un gitano despechado,
un incomprendido.
Siempre seremos un Lorca
que volverá a tocar el piano verde,
que seguirá tañendo sus versos
en la crónica de la inmortalidad.

Llorenç Garcia

diumenge, 18 de març del 2012

Digamos NO


Digamos NO
al amante retorcido, que profana el
nombre del Amor
para calmar un apetito carnal
perecedero.

Digamos NO
al cantamañanas charlatán, que aletea
con sus vacilaciones
y nos acaba arrojando con su pútrido
hálito de perspectivas tóxicas.

Digamos NO
al amigo traidor, que se desposee
voluntariamente de toda honradez
por un puñado de plata o en aras de
la traición más espúria.

Digamos NO
al religioso represor, que sanciona
libertades y coarta felicidades
empuñando una cruz que se avergüenza
de él.

Digamos NO
al falso idealista, que justifica en
nombre de no sé qué
sangre derramada o vidas abiertas en
canal
enarbolando una bandera de
colores.

Digamos NO
al sádico humillador, que cree
hacerse valer
azotando al débil con su perfidia
afilada.

Digamos NO
a todos ellos.
Sepultémoslos en un campo
yermo,
donde ni los gusanos pudieran sacar
provecho
y el estiércol se limitara a
confundirse con ellos
en eterno silencio
inerte.
Llorenç Garcia

diumenge, 12 de febrer del 2012

La dentellada del tiburón


Querida Anna:

¡Qué gran excursión hemos hecho a ese pueblo! Una villa pequeñita en medio
de la Serranía con el encanto atemporal que envuelve a todos los pueblos
pequeños a pesar del (o gracias al) turismo. Emocionante ha sido introducirnos
por la floresta y explorarla para encontrar ríos de agua fría que nos han
espabilado en cuerpo y ánima. Con la confianza acumulada por los años, hemos
practicado nudismo sin apenas pudor sumergidos por el agua y bañados por el sol.
Si ya nos habíamos desnudado el alma, despojarse de la ropa sólo era una manera
de ser congruentes con nosotros mismos, ¿no crees? A pesar de la interrupción
inoportuna de unos lugareños que nos desafiaban con su presencia erguidos en un
vehículo todoterreno que estaba lejos de imponernos.
Nos hemos perdido deliberadamente por esas carreteras de la comarca que
serpenteaban tan comprichosamente pero con la firme intención de recuperar un
rescoldo de tu pasado que a veces te quitaba el sueño... Sólo una cosa de este
viaje que me ha inquietado un poco. Omnipresente durante todo el trayecto ha
esta la canción de Antònia Font con esas letras tan surrealistas que hablaban de
cañas de azúcar, bambú y de tiburones. Precisamente la presencia tan reiterada
de este animal depredador en nuestros tímpanos la hacía un poco insidiosa porque
siempre parecía invocarse cada vez que nos extravíamos gozosos por las calzadas
de la zona.
Sin embargo, y si resulta que al final nada es casual en la vida, sólo
espero que en nuestros caminos nunca se cruce el destino en forma de tiburón y
nos aseste una dentellada de las suyas. Ya hay demasiada sangre derramada en el
mundo y ni tú ni yo merecemos verter ni una única gota porque rara vez nacen de
su contacto con la tierra ni un hilo de vida. Y si alguna vez el destino se
descalabra y decide ser tiburón para ser cruento contigo, acudiré presto a
vendarte en la herida una vez que ésta se haya abierto paso en tus
entrañas.

Gracias por este finde de semana tan inolvidable.
Cuídate,

Llorenç

diumenge, 15 de gener del 2012

Portugal, te quiero


Mientras te erraba entre tus calles de piedra, tus fachadas me deleitaban la mirada en donde yacía reposada... Mientras
te oía en la dulzura de tus voces, mi paladar desgranaba uno de tus oportos en la placidez de una terraza... Mientras te recorría en la historia de tus tranvías, te iba besando con sonrisas de ternura en un vano intento de conquistarte pues de ti ahora soy cautivo ...
Ahora en la distancia mis lamentos mueren ahogados en una embestida del Atlántico. Ahora mi nostalgia da la espalda al Mediterráneo empañada en algún fado perdido y empeñada en hacerse llamar saudade.
Portugal, te quiero pero no te tengo. Sólo puedo conformarme con un rayo de atardecer que te hurté furtivo y
que quedará conmigo al calor del recuerdo.

Llorenç Garcia

diumenge, 18 de desembre del 2011


La ciencia es el arte de dictaminar
verdades oficiales y, por tanto, siempre provisionales.
Llorenç Garcia

dijous, 15 de desembre del 2011

Las tetas de Helen


¡Ay, qué caprichosa es la Naturaleza! No supo
lo que hizo dotando a las mujeres de esos preciosos montículos con los que a
veces parece que se miden y confrontan en femineidad. Esto bien lo sabe mi
compañera de trabajo Helen, una dulce peruana de edad incierta (no quiere
confesarla y respetaré su deseo), que ha tenido la habilidad de explotar estos
encantos con los que ha hechizado a muchos miembros viril..., ejem, a muchos
miembros del género masculino. La verdad es que cuesta desviar la atención de
ambas prominencias tan simétricas y con unas redondeces que parecen diseñadas
por algún escultor celestial (¡si Miguel Ángel estuviera vivo!)
A esto conviene sumar el color canela
heredado de ancestrales incas y que debe de provocar un gracioso contraste con
sus turgentes pezones de color café (esto último es producto de mi portentosa
imaginación porque no he sido uno de los elegidos en observar dichosa bicromía;
es sólo la intuición, que es muy poderosa.)
Asimismo, mi imaginación se solaza muchas
veces recreándose en como será apoyar la cabeza sobre ellas. Seguro que debe de
ser una experiencia comparable a la de visitar las torres de Cuzco. La de
secretos que se habrán vertido sobre ellas, confidencias a medianoche
desvanecidas a la llegada del alba y más de una lágrima furtiva evaporada en su
dermis tostada.
Todavía no tengo muy claro si me atraen más
cuando sus senos están ceñiditos o más sueltos. En sendos casos siempre transige
un generoso escote que invita a reposar la mirada tal como hacen muchos de sus
estudiantes que así encuentran una gran motivación para aplicarse a la lección
con ahínco que ella imparte como docente (más de un alumno me ha hurtado ante
unas armas con las que yo no puedo competir pero que siempre he
disculpado).
Aunque sus dos relucientes frutos se han
caracterizado por aportar un poco de vidilla a la academia, también ha sido la
causante de más de un brote hormonal masculino al desencadenar la frustración de
no poder palparlos. La víctima se regocija con la mirada fija pero al mismo
tiempo se pone en la piel de aquel héroe mitológico castigado por los dioses a
padecer hambre y sed per seculi seculorum. Este desgraciado tenía agua bajo su
boca, pero al abajar el morro a ella el líquido se apartaba inmisericorde. Por
si fuera poco, sobre su cabeza colgaban unas jugosas manzanas que también se
alejaban de la boca del hambriento en todo intento por acceder a
ellas.
Pues así son los pechos de Helen, como dos
manzanas tan cercanas y tan lejanas, próximas a la vista pero inaccesibles
físicamente para su público devoto. Helen es perfectamente consciente de este
fenómeno y lo aprovecha para atraer y marcar distancias a la vez. Son como una
vía de entrada y una barrera que ella administra para desconcertar a sus
seguidores y acrecentarles el ansia hasta llegar casi al
delirio.
Ay, Helen. ¡Qué lista eres! Y qué bien que
conoces las reglas de seducción. Con esas dos potentes razones podrías hasta
desatar batallas pero tú prefieres que todo quede en un juego de reglas muy
acotadas para el gran público varonil ( y sectores del femenino).