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dijous, 27 de desembre del 2012

El mago


Ahí va. Con su rostro arrebolado por la tibia luz de su incipiente adultez. En la mano derecha porta su maleta gigante, con todos sus bártulos y una montaña de ilusión, que parece pesarle e insuflarle energía al mismo tiempo. En la cabeza se ha puesto un gorro negro de felpa que le confiere una aire entre medieval y bohemio.
Y es que casi parece un personaje extraido del Medievo, pero ésa era la peculiaridad que con tanto tesón perseguía para poder distinguirse y realzar una personalidad que, recién salida de la adolescencia, no se había acabado de perfilar. Para camuflar esta carencia y se le pueda tomar en serio ante posibles miradas adultas, intenta disolver cualquier traza de candidez forzando en el semblante una cierta adustez que no existe. Pero a ninguna de esas miradas le hará falta mucha introspección para desvelar lo postizo que resulta este gesto: sólo con dejar caer la vista sobre sus ojos chispeantes y percibirlas como dos vasijas vacías ansiosas de llenarse de experiencias. De momento únicamente contienen ilusión e ideas preconcebidas que el tiempo se encargaría de ir desterrando. Asimismo, un cuerpo enjuto y de miembros famélicos transmiten la impresión de que este pequeño artista se alimenta de idealismo, a modo de un Quijote a punto de iniciar sus andanzas sin un Sancho Panza que lo guíe.
El entusiasmo lo empujó a instalarse en un primer impulso en una esquina de las calles más concurridas de la Gran Ciudad. No obstante, al aproximarse a la zona le invadió un pánico casi escénico que le electrizó la piel. Como un torero novel arrojado al ruedo, indefenso con su capote. Aunque ya se imaginaba a sí mismo colocándose el mundo por montera, el valor se le deshizo cuando vio la dura competencia que le aguardaba. Por su campo visual desfilaban toda clase de figuras de todas las edades que bregaban por hacerse hueco en la memoria colectiva. Lo más duro fue constatar que junto a él había personas con la misma ilusión o más fuerte que la suya, y se dio cuenta de que no era el único requisito para triunfar. Muchos de ellos contaban con una habilidad palpablemente superiores a la suya y un carisma brillante que, en su caso, sospechaba que el temor escénico podría apagarlo o atenuarlo hasta lo anecdótico. Intuyó también que muchos de ellos atesorarían vidas más interesantes que la suya, con muchos más méritos para inscribirse con letras de oro en el libro de la inmortalidad.
Conforme iba inspeccionando el terreno sobre el que había de pisar firmamente, sus pasos tornábanse más frágiles. Se sentía cada vez más insignificante con aquella gorra medieval con la que ya pretendía captar la atención de transeúntes y ir lanzado al estrellato. Y se sentía absurdo sólo por habérsele asomado esta ocurrencia tan ridícula en la mente. Las cuencas de sus ojos se llenaron esta vez de decepción y ya no le importó que en su semblante se plasmase la inseguridad e ingenuidad que otrora se esforzara en ocultar con denuencia.
Con el rabo entre las piernas, el pequeño mago se retiró a una calle más discreta. Cogió aire hondo, se quitó el gorro y se sacudió el cabello. Y con la sacudida también cayó el orgullo. Comprendió que cuando se ha de empezar, ha de ser por el principio. Y que no es mejor que nadie. La vida había hecho un truco de humildad con aquel pequeño mago que quería empezar a lucir sus trucos en la calle.

Llorenç Garcia

divendres, 7 de setembre del 2012

El cofre del recuerdo


Recuérdame siempre, preferiblemente por lo bueno. Pero recuérdame siempre, por favor. Quiero que se te diluya una sonrisa en el rostro cuando acuda a tu memoria. Haré lo posible por aparecer como la estrella fugaz en la noche que viene a velar por algún deseo secreto frustrado tuyo y que sólo a mí me concediste el privilegio de oír de tus labios en un arranque de franqueza. De inusitada sinceridad con la que me conferiste el don de ahondar donde más de uno habría entregado un trocito de su alma para acceder ahí.
Sí, soy uno de los elegidos en ser depositario de la llave de acceso al fondo del armario donde guardas valijas de incalculable valor, pero también muchos fantasmas de consistencia opaca. Yo era uno de los pocos que pudo abrir las contrapuertas de par en par y airear el ambiente carcomido y extraer un poco más de lustre a esas joyas antes que el absurdo ostracismo les menguara el brillo.Recuérdame cuando estés feliz y estés afligido. Observa fijamente a la Luna porque seguro que yo también estaré embelesado maullándole confesiones como un gato rojo.
Cuídate.
Llorenç
P.D.: Espero que no te importase que me llevara una de las joyas preciosas del fondo de tu armario porque sé que yo le sacaré más rendimiento y, así, contribuir a tu inmortalidad. Por eso, para restablecer ese hueco, te dejo mi recuerdo dentro de un cofre para que lo abras cuando lo necesites.

divendres, 6 de juliol del 2012

Comprar en la medina de Marrakech

En más de una ocasión me vi tentado a comprarme una chilaba como las que lucía todavía gran parte de la población más adulta de Marrakech. El hecho de llegar con aspecto europeo me encasillaba irremisiblemente en el papel de turista y, ser turista significaba que desprendías un tufillo a dinero rápido. El turista en la medina de Marrakech es un personaje que desempeña una función muy definida en esa sociedad. Tener cara de europeo es una oportunidad de lucrarse a velocidad meteórica o, al menos, a tener el día solucionado. Son auténticos comerciantes de nación y las estratagemas que emplean son muy semejantes a las de cualquier occidental que trata de venderte la moto. El mérito de ellos consiste en que todas esas técnicas las han adquirido de manera espontánea y a base de afilar sus tácticas con el método prueba-error.

El primer paso consistía en encontrar algo con lo que simpatizar con la presa. Por las facciones, la vestimenta y otros detalles de cariz intuitivo intentan averiguar la nacionalidad a la que perteneces. Frecuentemente ya lo tienen reconocido si te han oído balbucir la más mínima frase. Si no es el caso, intentan atinar dirigiéndose a ti en francés (la mayor parte de los turistas provienen del país galo y probablemente mi tez pálida contribuía a alimentar esta idea). Muchos empiezan a tantear el terreno preguntándote: ¿inglés?, ¿español?, ¿italiano?... Una vez que han hecho bingo con la nacionalidad española, despliegan un castellano de supervivencia aderezado de sonrisas, contacto físico y otras estrategias de acercamiento a veces intimidatorias...

Si el espacio en concreto se trata de un puesto, el vendedor te dice que entres a ver sin compromiso. Te acerca corriendo el producto por el que muestra interés, ya sea un bolso, unas babuchas o una baratija. Antes de decirte el precio (información que siempre postergaban deliberadamente), te hacían un despliegue de todas las virtudes del producto en cuestión. Llegaba la hora en que el cliente debía interrumpir todo este discurso perfectamente articulado para indagar en el precio. Era el momento en el que por fin se revelaba tan ansiada cifra, la cara de estupor del turista transmitía la sensación de que tamañas excelencias no eran extensibles al precio.

Asi que ahí comenzaba el juego del regateo (parte central y más jugosa de este ancestral protocolo comercial). El vendedor rebaja el precio lo mínimo que puede, pero el cliente debe insistir en que se continúe bajando. Si no existe acuerdo, el turista puede retirarse y es el momento cuando el apurado marroquí cae en la desesperación. Ante una oportunidad que se desvanece como el humo, te clama volver y acaba cediendo a las exigencias del occidental. Sin embargo, los más marroquíes más taimados echaban mano de una solución alternativa. Ésta consistía en ofrecer un producto alternativo a menor precio para seguir persuadiendo a la víctima.

En muchas ocasiones, el visitante acaba pagando lo que sea con tal de poder salir de esa isla de odio. Conclusión: la pesadez a veces resulta fructífera.


Llorenç Garcia

dimarts, 29 de maig del 2012

Se ha derretido el hielo con el que, con tanto sigilo, te habías recubierto la personalidad a modo de férrea coraza incluso para ti mismo. Lo habías construido a base de minuciosa paciencia y detallismo de escultor de culto. Con una traza maquinal, no habías elidido ni la más mínima nimiedad durante el proceso. "Para protegerme del mundo, -pensaste- voy a sumergirme en un crudo invierno para sufrir menos y rebotar cualquier ataque de este inmundo campo de batallas llamado vida".
Así que, bregando contra tu natura, empuñaste el cincel y el martillo y extrajiste desde las profundidades abisales de la gelidez material con el que creías que podías moldear la mejor obra de tu vida. Y, en efecto, quizás así sea. Desde que luces dicha capa de escarcha, se han alzado multitud de miradas admiradas ante pieza tan excelsa. Muchas loanzas has oido y comentarios laudatorios que, en ocasiones, han provocado que no dudaras en aumentar el grosor del hielo hasta aparentarlo incorruptible.
Pero cometiste el mismo error que envuelve las mutaciones de la misteriosa sonrisa de la Mona Lisa, ésa misma que se deforma con el tiempo. Tú quizás erraste al elegir el material de la bella armadura hiemal. La física es caprichosa, como tus emociones, y ahora contemplas impotente como el hielo se va cristalizando y afinando en consistencia.Quizás el sencillo aleteo de un albatros, un hálito de tristeza emanada como una llamarada o las fauces de la soledad clavándose con saña sobre el invernal caparazón han hecho mella hasta derretirlo. Y, ahora, desprotegido como un niño perdido en el bosque, te preguntas qué has hecho mal. No sabes si la coraza era tan pesada que ya empezaba a asfixiarte o, por el contrario, si era más frágil que el destello del solsticio del diciembre. Y te replanteas si reconstruirla o crear una nueva con otros materiales. Puede que debas escarbar entre las emociones humanas para hallar sustancias diferentes al hielo con las que mostrarte al mundo.
Llorenç Garcia

dissabte, 14 d’abril del 2012

El piano verde (homenaje a Lorca)


En alguna caricia reposada
un ángel profanó el polvo trasnochado
sobre las teclas del piano verde
haciendo sonar una nota enmudecida
por un silencio ensordecedor.
El tono galopó como un eco en la noche
e hizo vibrar una estrella en el firmamento.
Una bruma condensada en el pasado
bosquejó la sonrisa emanada
de algún rincón de su infancia
en la Vega de Granada.
Todavía quedarán gitanos
que afilan la navaja con la luz de la Luna
y pierden más de un quejido
al albur del destino.
Aún subsistirán incomprendidos
que ahoguen en el arte
su llanto silenciado
y sublimen su tortura
en algún pedestal del Olimpo.
Siempre seremos una caricia,
un ángel, una noche,
un caballo, una Luna,
una bruma, una sonrisa,
un gitano despechado,
un incomprendido.
Siempre seremos un Lorca
que volverá a tocar el piano verde,
que seguirá tañendo sus versos
en la crónica de la inmortalidad.

Llorenç Garcia

diumenge, 18 de març del 2012

Digamos NO


Digamos NO
al amante retorcido, que profana el
nombre del Amor
para calmar un apetito carnal
perecedero.

Digamos NO
al cantamañanas charlatán, que aletea
con sus vacilaciones
y nos acaba arrojando con su pútrido
hálito de perspectivas tóxicas.

Digamos NO
al amigo traidor, que se desposee
voluntariamente de toda honradez
por un puñado de plata o en aras de
la traición más espúria.

Digamos NO
al religioso represor, que sanciona
libertades y coarta felicidades
empuñando una cruz que se avergüenza
de él.

Digamos NO
al falso idealista, que justifica en
nombre de no sé qué
sangre derramada o vidas abiertas en
canal
enarbolando una bandera de
colores.

Digamos NO
al sádico humillador, que cree
hacerse valer
azotando al débil con su perfidia
afilada.

Digamos NO
a todos ellos.
Sepultémoslos en un campo
yermo,
donde ni los gusanos pudieran sacar
provecho
y el estiércol se limitara a
confundirse con ellos
en eterno silencio
inerte.
Llorenç Garcia

diumenge, 12 de febrer del 2012

La dentellada del tiburón


Querida Anna:

¡Qué gran excursión hemos hecho a ese pueblo! Una villa pequeñita en medio
de la Serranía con el encanto atemporal que envuelve a todos los pueblos
pequeños a pesar del (o gracias al) turismo. Emocionante ha sido introducirnos
por la floresta y explorarla para encontrar ríos de agua fría que nos han
espabilado en cuerpo y ánima. Con la confianza acumulada por los años, hemos
practicado nudismo sin apenas pudor sumergidos por el agua y bañados por el sol.
Si ya nos habíamos desnudado el alma, despojarse de la ropa sólo era una manera
de ser congruentes con nosotros mismos, ¿no crees? A pesar de la interrupción
inoportuna de unos lugareños que nos desafiaban con su presencia erguidos en un
vehículo todoterreno que estaba lejos de imponernos.
Nos hemos perdido deliberadamente por esas carreteras de la comarca que
serpenteaban tan comprichosamente pero con la firme intención de recuperar un
rescoldo de tu pasado que a veces te quitaba el sueño... Sólo una cosa de este
viaje que me ha inquietado un poco. Omnipresente durante todo el trayecto ha
esta la canción de Antònia Font con esas letras tan surrealistas que hablaban de
cañas de azúcar, bambú y de tiburones. Precisamente la presencia tan reiterada
de este animal depredador en nuestros tímpanos la hacía un poco insidiosa porque
siempre parecía invocarse cada vez que nos extravíamos gozosos por las calzadas
de la zona.
Sin embargo, y si resulta que al final nada es casual en la vida, sólo
espero que en nuestros caminos nunca se cruce el destino en forma de tiburón y
nos aseste una dentellada de las suyas. Ya hay demasiada sangre derramada en el
mundo y ni tú ni yo merecemos verter ni una única gota porque rara vez nacen de
su contacto con la tierra ni un hilo de vida. Y si alguna vez el destino se
descalabra y decide ser tiburón para ser cruento contigo, acudiré presto a
vendarte en la herida una vez que ésta se haya abierto paso en tus
entrañas.

Gracias por este finde de semana tan inolvidable.
Cuídate,

Llorenç

diumenge, 15 de gener del 2012

Portugal, te quiero


Mientras te erraba entre tus calles de piedra, tus fachadas me deleitaban la mirada en donde yacía reposada... Mientras
te oía en la dulzura de tus voces, mi paladar desgranaba uno de tus oportos en la placidez de una terraza... Mientras te recorría en la historia de tus tranvías, te iba besando con sonrisas de ternura en un vano intento de conquistarte pues de ti ahora soy cautivo ...
Ahora en la distancia mis lamentos mueren ahogados en una embestida del Atlántico. Ahora mi nostalgia da la espalda al Mediterráneo empañada en algún fado perdido y empeñada en hacerse llamar saudade.
Portugal, te quiero pero no te tengo. Sólo puedo conformarme con un rayo de atardecer que te hurté furtivo y
que quedará conmigo al calor del recuerdo.

Llorenç Garcia

diumenge, 18 de desembre del 2011


La ciencia es el arte de dictaminar
verdades oficiales y, por tanto, siempre provisionales.
Llorenç Garcia

dijous, 15 de desembre del 2011

Las tetas de Helen


¡Ay, qué caprichosa es la Naturaleza! No supo
lo que hizo dotando a las mujeres de esos preciosos montículos con los que a
veces parece que se miden y confrontan en femineidad. Esto bien lo sabe mi
compañera de trabajo Helen, una dulce peruana de edad incierta (no quiere
confesarla y respetaré su deseo), que ha tenido la habilidad de explotar estos
encantos con los que ha hechizado a muchos miembros viril..., ejem, a muchos
miembros del género masculino. La verdad es que cuesta desviar la atención de
ambas prominencias tan simétricas y con unas redondeces que parecen diseñadas
por algún escultor celestial (¡si Miguel Ángel estuviera vivo!)
A esto conviene sumar el color canela
heredado de ancestrales incas y que debe de provocar un gracioso contraste con
sus turgentes pezones de color café (esto último es producto de mi portentosa
imaginación porque no he sido uno de los elegidos en observar dichosa bicromía;
es sólo la intuición, que es muy poderosa.)
Asimismo, mi imaginación se solaza muchas
veces recreándose en como será apoyar la cabeza sobre ellas. Seguro que debe de
ser una experiencia comparable a la de visitar las torres de Cuzco. La de
secretos que se habrán vertido sobre ellas, confidencias a medianoche
desvanecidas a la llegada del alba y más de una lágrima furtiva evaporada en su
dermis tostada.
Todavía no tengo muy claro si me atraen más
cuando sus senos están ceñiditos o más sueltos. En sendos casos siempre transige
un generoso escote que invita a reposar la mirada tal como hacen muchos de sus
estudiantes que así encuentran una gran motivación para aplicarse a la lección
con ahínco que ella imparte como docente (más de un alumno me ha hurtado ante
unas armas con las que yo no puedo competir pero que siempre he
disculpado).
Aunque sus dos relucientes frutos se han
caracterizado por aportar un poco de vidilla a la academia, también ha sido la
causante de más de un brote hormonal masculino al desencadenar la frustración de
no poder palparlos. La víctima se regocija con la mirada fija pero al mismo
tiempo se pone en la piel de aquel héroe mitológico castigado por los dioses a
padecer hambre y sed per seculi seculorum. Este desgraciado tenía agua bajo su
boca, pero al abajar el morro a ella el líquido se apartaba inmisericorde. Por
si fuera poco, sobre su cabeza colgaban unas jugosas manzanas que también se
alejaban de la boca del hambriento en todo intento por acceder a
ellas.
Pues así son los pechos de Helen, como dos
manzanas tan cercanas y tan lejanas, próximas a la vista pero inaccesibles
físicamente para su público devoto. Helen es perfectamente consciente de este
fenómeno y lo aprovecha para atraer y marcar distancias a la vez. Son como una
vía de entrada y una barrera que ella administra para desconcertar a sus
seguidores y acrecentarles el ansia hasta llegar casi al
delirio.
Ay, Helen. ¡Qué lista eres! Y qué bien que
conoces las reglas de seducción. Con esas dos potentes razones podrías hasta
desatar batallas pero tú prefieres que todo quede en un juego de reglas muy
acotadas para el gran público varonil ( y sectores del femenino).

dimarts, 13 de desembre del 2011

Un mundo imperfecto


Como la protagonista de la
historia,
heroína de su propia odisea,
rebuscó dentro y fuera de sí
misma.
Encontró barreras de acero
a veces más impuestas dentro que
fuera.
Descubrió que lo que tendría que
hallar
brotaría de su interior
y acabaría aflorando al
exterior.


Je t'aime,

Lorenzo

divendres, 9 de desembre del 2011



Algún día saldrás de las sombras recónditas en donde te agazapas y podré entregarte todos los tesoros enterrados en mi corazón.






Llorenç Garcia...

dijous, 8 de desembre del 2011

Confesión con los calzoncillos húmedos




Querido Amor Mío:





Te escribo esta cara para compartir contigo una conclusión desoladora que ha llegado a mí inesperadamente en contra de mi más honda voluntad y me ha pillado ahora mismo en calzoncillos; nunca mejor dicho porque eyaculo estas letras cuando el filo de la medianoche afila las ideas antes de lanzarme a mi lecho vacío.Mi despertar ha sido extrañamente anodino y vacuo. En mi mente sólo habitaba el malestar por la interrupción de un delicioso sueño concupiscente protagonizado por etéreas valquirias que rompían con rugidos mitológicos la dulzura de sus portes y disputándose mi miembro viril como el trofeo más ansiado.La impidiosa alba ha pegado un hachazo a tal sueño justo cuando la valquiria victoriosa se disponía a hacer uso y disfrute del flamante premio en la guarida de su boca. Un rayo de sol me ha expulsado del paraíso y me ha dejado con el fuego ardiendo de la ninfa germánica en la entrepierna.A partir de ahí el día ha transcurrido insulso y monótono. Me he comportado como un autómata y creo que si no me he ahorcado o lanzado por el balcón ha sido por el recuerdo de la valquiria triunfante que me ha resucitado la libido varias veces. Precisamente, en la última descarga onanista es cuando me he percatado del motivo de tan tremendo hastío del que me ha salvado la lúbrica divinidad. Y es que en ningún momento de la jornada has acudido a mi mente ni como figurante de mis fantasías. Creo que he dejado de amarte hasta tal punto que no eres una razón para mantenerme en pie ni un estímulo que alimenta mis caricias íntimas. Ahora, con los calzoncillos todavía húmedos, quizás hayan sido los efluvios de la Luna que me han destilado tu recuerdo súbito y me haya conducido a escribirte compartiendo contigo este sentimiento tan lacerante como tantas otras cosas que he compartido contigo.





Tu... ¿amigo?,





Diego.





P. S.: Perdona el desliz del saludo con ese "amor mío" tan sin sentido, pero a veces la fuerza de la costumbre es muy poderosa.

dimecres, 7 de desembre del 2011

Destripador de almas



A grandes rasgos, la vida es un amasijo de rutina. Los días se suceden unos tras otros y de vez en cuando acontece un suceso que rompe esta tónica convirtiéndolos en memorables. Son pequeñas o grandes revoluciones que hacen girar el cauce de nuestras vidas hacia caminos antes insospechados por nosotros. Sucede que la Señora Suerte no es muy equitativa a la hora de repartir sus bienes haciendo girar la rueda de la fortuna caprichosamente como si jugara a la ruleta rusa. En este descabellado juego, intrínsecamente ligado a la condición de vivir, se nos deparan situaciones que no siempre sabemos encajar muy bien; sobre todo cuando se nos escapan de las manos al depender de condicionamientos ajenos a nuestra voluntad.




Una situación similar fue la que vivencié el lunes de la semana pasada cuando salí de tu coche. Tengo la certeza que recordarás cuando hace varios meses, en una tarde primaveral, me anunciaste que tus sentimientos habían sentenciado una ruptura de nuestra relación sentimental tras días de abrupto distanciamiento por tu parte. En ningún momento reproché tu decisión porque por encima de todo siempre te había valorado por tu dimensión humana. Apareciste en mi vida de manera muy súbita rezumando en los poros de tu piel un derroche de humanidad y vitalismo. Creí que por fin había entrado en mi vida lo que yo tanto había anhelado durante mucho tiempo: un amigo homosexual. Por si fuera poco, si ese supuesto amigo tenía muchas cosas en común contigo, es accesible y es capaz de compartir impresiones de todo género, el panorama no podía haber sido más alentador.




Aunque disponía de algunas personas en mi entorno que siempre me han apoyado, el asunto de mi tendencia sexual ha hecho que muchas ocasiones me sienta paradójicamente solo a pesar de estar rodeado de gente. Uno de mis retos pendientes y ansiados desde tiempos inmemoriales era encontrar gente cordial afín a mi homosexualidad para poder trepar y salir de ese abismo tan desolador. Tú te perfilaste como una persona dispuesta a ayudar y contemplar un nuevo amanecer. Sé con total seguridad que estas impresiones no fueron fantasías idílicas mías propias de un entorno irreal que yo me había creado, sino que tú contribuiste a forjarlas firmemente con esperanzadoras palabras.




Volviendo al instante de la ruptura, recuerdo que nos fundimos en un cálido abrazo que por encima de todo evidenciaba el aprecio que te había brindado a pesar de lo desconcertante que fue el cambio de actitud que tuviste hacía mí. Acto seguido, te pregunté qué pasaría a partir de entonces a lo que tú respondiste que a partir de ahí podríamos quedar como amigos. Yo te dije si al menos podría acceder a ese selecto círculo íntimo de amistades con los que tienes un contacto más cercano y expresé mi deseo de poder integrarme. Tú contestaste con unas palabras que me tranquilizaron sumamente: Tranquilo, que te integrarás a ellos. Que ya no seas pareja de nadie no significa que no puedas estar con nosotros.




Aquellas esperanzadoras palabras se me quedaron grabadas en la mente como posible llave a un venidero horizonte en el que yo por fin podría sentirme realizado socialmente sin tener que padecer tan insidiosamente tantas cortapisas sociales. También apostillaste que la ruptura entre Marcos y Rafa comportaba una espera hasta que las aguas se calmaran. Con la fe que te profesaba, no me importaba esperar el tiempo que fuera necesario. Al menos siempre he tenido el don de la paciencia cuando he creído que el fin merecía la pena. Dejé pasar las semanas intentando no perder el contacto contigo. Todavía te continuaba viendo como una esperanza viviente y me conformaba con los mensajes al móvil que nos enviábamos y con las esporádicas y fugaces citas en que conversábamos cordialmente al calor de un local diferente.




Las semanas transcurrían. Empezaba a inquietarme al ver una actitud cada vez más pasiva por tu parte y, a mitad de verano, aproveché para preguntarte si tenía que resignarme definitivamente a tener encuentros tan espaciados contigo. Me contestaste que las circunstancias te obligaban a actuar así escudándote con la crisis desatada semanas atrás entre Marcos y Rafa pero me aseguraste categórico que cuando todo volviera a la normalidad podría yo instaurarme en tu ambiente social más cercano. De nuevo, no puse ninguna objeción porque continuaba creyendo firmemente en tu honradez. Nunca habría puesto en tela de juicio la veracidad de tus promesas tras haber examinado tus textos con atención y de haberme enriquecido de esa savia filosófica tan provechosa que destilaba de sus renglones y que tanto había complementado mi visión de los diferentes aspectos de la vida.




Las hojas del calendario iban cayendo y, a través de tus mensajes de móvil, fui testigo de tu caída de ánimos provocada por el fustigamiento de tantas horas de explotación laboral y por la sacudida verbal que Marcos arrojó contra tus sentimientos. La ansiada llegada de las vacaciones supusieron bocanadas de aire fresco a tu vitalidad. De esa forma, mientras yo estudiaba una madrugada para un examen, recibí gozoso en mi móvil el mensaje de esa transformación tan positiva. Después volviste a Valencia y te llamé para preguntar por ti. En esa breve llamada acordamos por fin un reencuentro después de casi dos meses.




Aquella tarde, me alegré de verte de nuevo tan contento y vitalista... Así pues pensé recordarte tu promesa de poder vernos más a menudo tal como me habías dejado caer hacía algunos meses...




... Tu respuesta me desgarró por dentro. Me dejó entrever una personalidad fría que había calculado meticulosamente un plan de distanciamiento progresivo hacia mí que había llevado meses pero que resultó totalmente infructuoso ya que en ningún momento apagué la llama de la esperanza que había depositado en ti. Me declaraste como la cosa más natural del mundo que yo ahora había formado a pasar parte de ese inmenso saco de “amigos”, ese mismo que es como una larga lista de espera para reunirte con ellos muy ocasionalmente, ese mismo de los que igual no sabes nada de ellos durante meses, ese mismo a los que muy mandas un sms testimonial cada largo tiempo como si fueran familiares que viven en el otro extremo del país y que solamente ves durante algún acontecimiento especial. Nada que ver con esa amistad entrañable y cercana que sentías hacia otras personas.




No quería dar crédito a aquellas palabras tan frías y punzantes como una navaja que se abre paso en tu corazón. No pude evitar reprocharte porque ahora me habías roto esos horizontes en los que yo tenía ilusión. Tu respuesta fue otro mazazo que acabó resquebrajando esa confianza que tenía en ti hasta dejarla totalmente maltrecha: ¿Y qué quieres que te diga? Yo no siento lo mismo por ti que por ejemplo por Pili o Marcos.




Esos vocablos encerraban algo que para ti era muy obvio y que yo ya tenía que haber asumido desde un principio. Como si mis deseos de habernos acercado un poco más no hubieran salido de tus labios, como si tampoco significaba nada que hubieras insistido tanto para pasarme a Vodafone y todo fueran quimeras ideadas por mi cabeza loca, ¿verdad? Deduje que esas intenciones que me transmitiste tras nuestra ruptura sentimental de asimilarme a tu entorno más íntimo no eran más que falacias sutilmente trabadas para actuar de la manera más “piadosa” posible y hacer menos doloroso un distanciamiento mediante un alejamiento muy paulatino. Pero no llegaste a conseguir que tus promesas cayeran en mi olvido porque tú me ofreciste desde que entraste en mi vida un sueño, una amistad con un hombre homosexual noble y sincero, y me lo arrebataste como cuando a un niño le arrancas de la mano su juguete más preciado.




Cuando salí del coche me vi preso de un desengaño que me recorría el alma como una culebra avasallándome con su escalofriante tacto. En mi mente se agolparon infinidad de desordenados pensamientos que bloquearon mi lengua de todo lo que en ese momento hubiera deseado decirte. He necesitado de días para poder poner un poco de orden a sensaciones tan desagradables que no pude expresarte en su momento y de un bolígrafo para poder dotarlas de un mínimo de coherencia.




Quizás la culpa sea mía por haber sido tan ingenuo. Haber confiado en ti ha sido un error garrafal, pero al menos entre mis mermadas defensas todavía hay lugar para suplicarte que cuando otro ingenuo vuelva a cruzarse por tu camino no vuelvas a jugar con sus ilusiones y sentimientos como si fueran juegos malabares. La sensación es tan amarga que una vez que la vives ya no se la deseas a nadie. Que con este mensaje se puedan evitar decepciones futuras y que al menos éste sea el único provecho útil de esta carta.




Realmente, yo nunca te he exigido nada. De hecho, sabes que siempre me he mostrado muy comprensivo contigo. Intenté entender aquella ruptura sentimental tan súbita a pesar que me dejó un tanto desconcertado y en un mar de dudas. De seguida, me prometiste una amistad verdadera y de nuevo tu palabra se ha quebrado. Durante estos meses nunca te he puesto entre la espada y la pared, sólo trataba de asegurarme en ciertos momentos que esas intenciones seguían en pie. Ni siquiera me importaba esperar los meses que hicieran falta.




Es posible (o más que probable) que pienses que mi reacción es desproporcionada. Si es así, ya has olvidado completamente aquellos duros años de larga autoaceptación en que uno vive sumergido en la soledad más lacerante a pesar de estar rodeado de gente tal como te he mencionado antes. Por mi parte, ahora espero que algún día surja en mi vida un amigo gay de verdad que me tienda una mano sincera y contribuya a comenzar a sentirme más a gusto en este mundo mío tan pequeño pero tan complejo. No quiero un charlatán que con cantos de sirena me avive una ilusión que siempre ha subyacido en mí para luego dejarme ahogado en el escepticismo. No quiero un cantamañanas que me pinte con fastuosos paisajes una relación sincera para finalmente alejarse de mí escupiéndome así en la cara todos esos bellos colores. No..., no...




Llorenç Garcia

dimarts, 6 de desembre del 2011